Derrota


Nuestro padre

Como buen sacerdocio

ejercía la huella de su estirpe recitando algunos poemas de águilas y tormentas y de mujeres que se desvanecían en sus rabias doloras

Sus nefastos linajes de cordura y su insolente manera de hablarle a nuestra madre al igual

que ordenaba ir a popa, a babor, limpiar centinas y subirse a la cofa

Él es un Capitán

Es un hombre

Hablo de mi padre

Que

Quién diría que aquel fragmento humano

De tempestad y seguro

Me persiguiera

Hasta derrotarme

Sentarme acá ante un triunfo del hombre que ha llegado

Y se que está diciendo

Hugo

Llegar es la derrota

El triunfo es una de las maneras de distraer la muerte.
Hugo Figueroa Brett

Mi tumbo entero

11108870_10207963722964998_1545847666477831701_n

Mi tumbo entero

Nací en la oración del mundo donde se cogen
los jureles con los brazos
Y las manos espantan las asesinas mantarayas
y se dejan los guaranaros a su vida
y mañana venimos y les quitamos las agallas a las lisas
Y esguañangamos las camisas mientras pensamos del tajalí salado
Pero llegué a la ciudad del mundo
A la madre de la luz y el hablar bello y sonoro de los maracuchos
Y
Llegué y me estaba esperando Agelogusto
Y Jesucito y Rolendio y Teota y mi maestra
de la escuelita de a bolívar
Y el chubasco que bajaba y hacía el remolino para ver las señales del sentido infinito del almendrón
Y el almendrón gritaba y sonreía
Mientras viví
el almendrón vivió
Y bajaban las taritas del oeste y papá Arturo me dijo que de la serranía
El mediecito menudo se unía a la flor amarilla del abrojo
Y la tarita blanca a media altura en borbollón pasaba y el violín precioso de negro medioluto y rojo
Y la relojera con hipo y su colita
Y el espejito que no podía volar de su belleza y el playón
Y el siete colores que cruzaba norte-sur
y nos hacía correr hasta el terreno de los alemanes
Y cumplió años Marisol
Charol peleó anoche y ganó
Y la Charola su hija estaba contenta
Y el sastre Malaquías y el barbero Romerito
Y después que nos purgaban a las cinco íbamos a la cañada
A ver pasar al hombre pequeñito
que traqueba un caballo desde la Santa Teresita hasta Belloso
Y tracata trcatac pasaban ellos
Y nunca supimos si ganaban o perdían
Pero
Teníamos al señor de la choza y un caballo
Un chubasco
Un almendrón
Una escuelita de a bolivar
Entonces
Porque vinieron estos a decirnos
Mi tumbo

Mi tumbo entero y nos quitaron todo

Por además grandioso los estudiantes fuimos
Y carniceros del mercado Principal
Y queseros
Y Carpinteros
Y las damas
Eyista que nunca se casó con Obdulio
Pero la visitó y se enfermaron
Y la bella Delia y al Veneno Cerbello
Y al doctor Castellanos
Si eramos una calle bendita
Donde había partera
Y el señor de los paños
Y el mejor carnero lo vendía el señor Vera
Y Dimas estudió inglés
Y entonces
Porque vinieron a ponernos
Jinki-jinki.

Hugo Figueroa Brett
En el hilo de la realidad
Y La calle Madueño.

Etiquetado , ,

ALIRIO

Alirio-Palacios

 En memoria del gran Artista Alirio Palacios‏

 

La divina Pastora de Araguaimujo

La que lleva en la cota una piedra de estigia y una flor en el pelo

Atestigua en el baho que cubre el meandro útil de Amacuro y su estigma

franqueada por la quebrada alta de la Orinoquia y testada atlántica que mortifica en olas

con azules los vientos del son del ser de una violencia racha que hunde las falúas

las maracas de las palmeras gimen azorando el sonido del hacha en eolo y centellas

Lo atestiguan el danto que asoma su majestad en la sombra de un araguato macho y un mono viudo que vira la figura del oso hormiguero con la tablina de la jicotea

Cruza la vez del pájaro sediente el oriente del medio con la repiquetera ensordinada de los pericos y opacan los tronales

por la alegría de diez cotuas

veintemil loros en concieto

siete piapocos y un conoto mudo que divisa la garza marinera y asombra la belleza la luz guanaguanare

En esa fiesta el rio de los ríos

Atildado del rizo en la desembocadura en Mánamo vacía sustento y hiedra

Palos que refunfuñan y el voraz cansancio de las aguas desde el rio Negro desde la piedra del cocuy

Reventando linternas en el abecedario de los desaguaderos del Caroní hacia abajo donde la piedra del medio hace señales de triunfo y garrapiña hacia el este en calma hasta el delta quien sujeta la espera del gran diluvio warao

Abrase visto el arpa sitibunda del morocoto alzado de laulau con sementeras de alivio al pescador quien sujeta del podio del condumio la sardinata plateada y hace de la cachama reluciente un haz de plata encima de la llama y una doncella de oro

En esta aureola flanqueada por centellas limones, palmitos y morichales

y yucales amargos

reventando la figura de soles enardecidos por el fuego los sebucanes machos entrelazados bajo el sostén de dos mujeres simples templando al mundo

En la torta de un casabe

Arriba cielo y más hechura

Abajo la medialuna verde del manglar

De vez en cuando un puma

Un caimán una babilla sola

Y un camino que lleva hasta un hogar

Allí en medio de la selva de un pueblo paraíso en El Volcán

En su máxima esencia la naturaleza

hizo que un ser humano extraído del vientre de todo ese misterio existiera

En una exhalación un hombre puro

Un artista viril y honestamente humano

Nació Alirio Palacios.

 

Hugo Figueroa Brett

En obra del Maestro Alirio Palacios

En el ser íntimo de los artistas

En la grandeza de saberse minúsculo mayor.

Etiquetado

Mis encuentros con Vargas Llosa

  
Guillermo Cabrera Infante

El apartamento de Monique Lange y Juan Goytisolo en la Rue Poissonnière era centro de reunión de los escritores de España y de las Américas que visitaban París. Fue allí donde conocí a Mario Vargas Llosa, entonces ganador del prestigioso premio catalán Joan Petit-Biblioteca Breve. Mario (desde entonces lo llamé así) vino acompañado por su mujer Julia -más tarde, mucho más tarde, la protagonista de la novela de Mario La tía Julia y el escribidor, que vino a culminar su separación-. Pero entonces Julia y Mario no estaban separados. Al contrario: Mario mostraba una deferente ternura hacia ella y ella parecía muy enamorada de Mario. Pero esa noche ocurrió un incidente extraño. Al irme Mario se ofreció a llevarme hasta mi hotel, que no estaba lejos, y Julia comenzó a sentirse mal. Parecía una especie de alergía: algo le había caído mal, su cara se hinchaba cada vez más, hinchazón que aumentó en el elevador, y al entrar al pequeño auto se veía abofada. Mario me pidió que los acomapañara hasta el primer hospital abierto a esa hora y luego me llevaría a mi hotel.

Ya en el hospital, me quedé en el salón de espera, impaciente y preocupado: hay alergias que matan. De pronto, la puerta abierta, vi pasar a Julia corriendo sobre sus altos tacones seguida (o perseguida) por dos hombres de blanco. Me levanté y fui a la puerta y pude ver cómo los hombres de blanco alcanzaban a Julia y la aferraban por los brazos y luego casi la arrastraban hacia un punto no visible. A la zaga del grupo venía Mario. Tuve que ir hasta un teléfono cercano para llamar a Juan Goytisolo y pedirle que me asegurara que todo no era una pesadilla. Juan me aseguró de la realidad de lo que estaba ocurriendo ante mis ojos. Al cabo regresó Mario y me dijo que Julia no tenía nada con una tranquilidad de la que había sido ya testigo en el viaje al hospital. Durante el trayecto, Julia se quejaba y se revolvía en los asientos traseros, ya que Mario me había pedido que me sentara a su lado, mientras Mario le repetía a ella bajito que se calmara y con una mano libre le impedía que rodara de su asiento. La voz de Mario era sosegada para Julia -pero no para mí-. Todo parecía familiar a Mario mientras Julia se retorcía detrás de mí.

En el hospital consiguieron calmarla sin ingresarla y regresó a la sala de espera bastante compuesta, pero sin sus seguidores,perseguidores. Solamente la acompañaba Mario. Juntos volvimos al pequeño automóvil. Julia iba calmada, también Mario pero nadie habló nada, nadie explicó nada. Me hubiera gustado volver a hablar con Juan Goytisolo para que me explicara por qué él también lo había acogido todo con tanta parsimonia. Fue entonces que comprendí que todo había pasado y todos estaban en paz con Julia porque su estado anterior tenía que ser tan habitual como su silencio ahora. Julia, era evidente, había sufrido un ataque de histeria. Luego supe que el matrimonio de Julia y Mario se acababa. Pronto se divorciarían. Esos ataques de histeria debían ser cosa habitual en Julia y resultado de la petición de divorcio. Julia era una mujer rubia, alta y atractiva y estaba muy enamorada de Mario, que llevaba un bigotico a lo Don Ameche y era tan bien parecido como un galán de cine. Fue en Bruselas que supe que finalmente se habían divorciado. En algún momento entre esta visión de pesadilla y nuestro próximo encuentro Mario se había afeitado el bigote y ya no se parecía a Don Ameche.

La próxima vez que vi a Mario fue en la entrega del Premio Biblioteca Breve que me dieron en 1964 en Barcelona. Ya Mario era una leyenda de trabajo duro y aplicación mayor, con que asombró a todos los jurados del premio. Mientras sus amigos y su anfitrión Carlos Barral bebían en el bar, se soleaban en la playa y se reunían temprano para una cena tardía, Mario estaba encerrado en su cuarto: “Escribiendo, escribiendo” decía Carlos, mientras apuraba otro cóctel tal vez con ginebra.

Después de la ceremonia volví inmediatamente a Bruselas para el fin de año con Míriam Gómez, y Mario y yo viajamos juntos rumbo a París, donde yo cambiaría de avión y Mario se bajaría. Hablamos poco: él con su problema y yo con los míos. El avión que me llevó a Bruselas no salió sino tres horas más tarde por culpa de la acumulación de hielo en las alas y nevaba en todo Orly. No lo volví a ver hasta dos años más tarde.

Mientras tanto habían ocurrido demasiadas cosas en mi vida. Yo había dejado de ser agregado cultural de Cuba en Bélgica, había viajado a La Habana a los funerales de mi madre, había decidido exiliarme, había vivido en Madrid y ahora vivía en Londres, prestado en casa de amigos, enfrentando otra ciudad, otro país, otro invierno cuando supe que Mario y Patricia vivían en Londres. Lo llamé y nos invitaron a cenar en su casa. Era tan lejos de donde yo vivía que el viaje fue una travesía de trenes, taxis y búsqueda de la dirección. Al irnos yo tuve que pedir otro taxi que nos llevara a la estación del underground más próxima. Recuerdo que al colgar el teléfono Mario me felicitó por mi inglés: ellos no hablaban una palabra.

Mi vida se organizó de una manera incierta. Vine a vivir en Trebovir Road detrás de la estación de Earls Court no en un apartamento lujoso como se me calumniaba en Cuba sino en un sótano no infecto sino infestado de cucarachas. Mario, que todavía apoyaba a Castro y su supuesto socialismo siguió su relación conmigo, lo que no hicieron mis supuestos amigos afectos. Un día supe que Mario, cosas de la casualidad, esa diosa caprichosa, se había mudado con su familia a la misma calle, sólo tres cuadras más arriba de la estación del subterráneo. Vivía en un apartamento modesto de los bajos pero no tan pobre como el nuestro. De las incontables anécdotas que tuvieron lugar por esos pagos sudamericanos estaba la vez que Míriam Gómez tuvo que ir a casa de los Vargas a matar a una rata que aterrorizaba a la muy joven y bella Patricia Llosa, recién casada con Mario. Ella, niña mimada, estaba muy poco preparada para vivir en lo que era casi un sótano. Allí Mario se encerraba a escribir desde temprano hasta terminada la tarde y había que dejarle el almuerzo (un sándwich o un plato ligero) en una bandeja a la puerta. Mario la abriría, almorzaba solo y seguía escribiendo, escribiendo.

Fue en ese apartamento que Mario decidió reunir a García Márquez y a mí. Ya nosotros nos habíamos mudado de Earls Court para esta dirección y ahora íbamos a celebrar el año nuevo en casa de nuevos amigos del todavía pendular Swinging London. Íbamos vestidos para una fiesta: Miriam Gómez con su traje neo art decó de nuestro retrato que está en esta sala y yo con mi smoking recién comprado para la fiesta final del fin de la filmación de Wonder Wall, la película que se había filmado con un guión mío: una comedia nada cómica cuya única gracia estaba en la música incidental de George Harrison. No recuerdo cómo estaba vestida la mujer de García Márquez, pero sí recuerdo que el colombiano llevaba una camisa de leñador a cuadros negros y rojos.

A pesar de que Mario era un anfitrión animoso, no teníamos absolutamente nada de qué hablar García Márquez y yo. De pronto él parecía encontrar su tema, que era el código de supersticiones de la pava, que era venezolano pero el colombiano se lo cogió como propio. Yo no tenía idea de lo que era lo pavoso, pero recuerdo que se trataba de no llevar calcetines con sandalias y cosas así. Miriam Gómez contribuyó con su arte de las flores, hablando de la buena suerte que daban las flores amarillas, puestas, dispuestas en tres en mi escritorio.

En esa salita que de día era el estudio de Mario y de noche la sala de estar de Patricia, hubo otros encuentros con las supersticiones sudamericanas. Fue cuando Julio Cortázar vino a Londres con su mujer de entonces, Ugné Karvelis, de cara tan rara como su nombre. Patricia sirvió café y Ugné se encargó del azúcar, que repartió. Cuando llegó a mí la azucarera voló de su bandeja a mi regazo, bañándome, literalmente, en azúcar: blanca que hacía contrastar con mi traje oscuro. Ugné se volvió toda disculpas, con genuflexiones que detuvo Miriam Gómez diciendo: “No importa. Eso es considerado una señal de buena suerte en Cuba”. Yo no sabía de semejante superstición ni siquiera si Miriam Gómez la había inventado ad hoc para la ocasión. Lo que sí supe luego es que éste era un numerito que había montado la Karvelis para destacarse y al mismo tiempo colocar a su blanco de azúcar blanca en una situación embarazosa. Me lo contó Mario que había sido testigo o blanco en situación similar. ¿Era ésta una versión de la Maga?

Luego Mario y su aumentada familia dejaron el barrio, a Londres y a Inglaterra. Mario viajaba y daba clases en universidades diversas. Hasta hubo un tiempo que dio clases en Cambridge y lo vi poco. Estaba contento con sus extrañas clases en Cambridge, donde tenía tan pocos alumnos que la clase podía trasladarse de la universidad a un pub cercano. Más tarde reapareció en Londres: Mario siempre vuelve a Londres.

Después vino su incursión en la política activa. Una noche cenamos en su casa y pude augurarle el desastre que significaría su vida política. Pero sus constantes viajes a Lima (no era un regreso a Perú todavía) terminaron por atraparlo en una red de la que sólo se extricaría con su desastrosa aventura política -a la que siempre Patricia se opuso-. Patricia había devenido de una bella muchacha encantadora una mujer juiciosa y leal a Mario hasta que ella misma se vio envuelta en la fiebre política. Como antes, le había aconsejado yo que sus viajes a Lima terminarían por resultarle onerosos políticamente. En corto tiempo fue nominado candidato a la presidencia del Perú.

Ahora estaba toda la familia instalada en su flamante apartamento de Knightsbridge, uno de los barrios ricos de Londres. Recuerdo que cenando una vez allí, rodeado por la decoración high-tech de su apartamento que incluía una creciente pinacoteca con cuadros modernos (había, central, un botero con su excesiva gordura que parecía un Oliver Hardy en busca de Stan Laurel, el Gordo detrás del Flaco en cualquier comedia del dúo), con portero y elevador. Vivían bastante cerca de nosotros, pero bien lejos de la modestia de los tiempos de Earls Court: Mario se había convertido en un escritor de éxito mundial. Pero ahora, de regreso al Perú, lo esperaba la derrota política.

Fue una campaña electoral pero peligrosa físicamente -y aún más riesgosa políticamente-. Mario, como se sabe, fue derrotado por Alberto Fujimori, un desconocido total entonces. La derrota electoral fue tan estruendosa que muchos dudaban de que Mario se recobrara como figura pública. Pero Mario regresó a su escritorio y a sus novelas, y al poco tiempo estaba recobrado como escritor de éxito, de crítica y de ventas. Viviendo en su apartamento de Knightsbridge, pero escribiendo. Según una costumbre recientemente adoptada escribía por el día en un salón de lectura del British Museum, y por las noches los Vargas cenaban con amigos o solían salir a cenar con nuevos amigos. Mario y Patricia volvieron a ser una pareja perfecta. Los visitábamos a menudo invitados a comer comida peruana que cocinaba Patricia y vimos el apartamento lujoso crecer en otras cámaras y recámaras al expandirlo con otras propiedades vecinas. Pero seguían viajando mucho, a pesar de que la familia había crecido con dos hijos grandes, Álvaro y Gonzalo, y una niña que pronto se hizo mujer, la bella Morgana. Viajaron a todas partes. Mario más exitoso que nunca dando charlas dondequiera y visitando lugares remotos como los arrecifes de Australia, que le habían fascinado desde niño.

Ahora vivían medio año en Londres y dos cuartos crecientes en París y Madrid, ciudad que encantaba a Patricia tanto como a Mario Barcelona. Dejamos de vernos bastante aunque siempre en uno de nuestros viajes a Madrid cenábamos y yo bromeaba con Patricia acerca de su fascinación que no cesa. Una de las últimas cenas la dio el editor Juan Cruz en uno de los restaurantes más de moda en Londres y allí Mario y Patricia se reían como una pareja feliz. Podían estarlo. Sus hijos habían crecido y cada uno tenía su parcela de acción. Gonzalo se dedicaba a una labor de caridad patrocinada por las Naciones Unidas. El otro hijo, Álvaro, era un periodista independiente y reconocido, y aunque muchos creían que se apoyaba en su doble apellido, en realidad se llamaba Vargas por su padre y Llosa por su madre, que de soltera se llamaba Patricia Llosa: ella y Mario eran primos.

Luego ocurrieron dos ocasiones memorables que a mí me parecieron oficiales. Viajó a Londres el presidente Felipe González en su primer viaje a Inglaterra y nos invitó a Mario y a mí a almorzar en la Embajada de España. Yo no conocía personalmente a González, pero Mario lo trataba con la familiaridad de viejos amigos. Tal vez lo fueran. En todo caso González había venido con varios de sus ministros y Mario brillaba en su conversación con políticos profesionales. El almuerzo terminó con mi tête-à-tête con Felipe González, pero ésa es otra historia.

Años más tarde se repitió una ocasión similar cuando el presidente José María Aznar nos invitó a Mario y a mí a visitarlo en La Moncloa. ¿Nos habíamos convertido en el dúo demócrata? No lo sé. Sólo sé que Mario se portó con más soltura que yo: ya conocía a Aznar. Yo había venido como fui al almuerzo con Felipe González: más por curiosidad de escritor que otra cosa. Hicimos el trayecto a La Moncloa en un auto fuertemente blindado. Regresamos Mario y yo al hotel en el mismo automóvil. Durante el viaje de regreso tuve una suerte de convencimiento iluminador. Los políticos no tienen convicciones, tienen conveniencias.

En una de nuestras últimas cenas en Londres Mario acababa de publicar su última novela y parecía feliz con su destino recobrado. Recuerdo que lo felicité por el logro que significaba su nuevo libro y aceptó mi felicitación de buen grado. A Mario y a mí nos ocurría algo que no se puede llamar modestia -ni siquiera falsa modestia-. De la que, por ejemplo, Borges era un maestro consumado, con sus frases de rigor: “Usted ha enriquecido mi libro con su lectura”, que sonaban casi tan formales como “Favor que usted me hace” o “Gracias por sus elogios, que no merezco”. Esta vez tuve que atrapar a Mario en su esquina frente a Harrods para decirle cuánto me había gustado su última novela, que era una vuelta al libro bien contado de sus inicios, y le auguré una carrera feliz -que lo ha sido en extremo al recibir críticas excelentes de toda la crítica inglesa, siempre renuente a celebrar a escritores españoles, pero peor a autores hispanoamericanos. Fue escogido, por muchos críticos, como uno de los mejores libros del año.

Tuvimos una última cena en Madrid. Mario ya no estaba preocupado por su hipertensión, sino por la tensión que se había creado con Álvaro con su campana solitaria en contra del presidente Toledo, que Mario había apoyado electoralmente, y aunque Patricia era el calmado centro materno de siempre, Mario parecía furioso, no con Álvaro, sino con las inesperadas vueltas que daba y da toda la política. Me alegré de estar presente porque supe lo profundos que eran sus sentimientos de ser un demócrata convencido -aun en lo que parecía una crisis familiar-.
Como escritor, la crítica inglesa lo ha comparado con Conrad y ha dicho que desde Nostromo no había una novela sudamericana que planteara tan bien la dicotomía entre la novela y la política como tema central. Es que Mario se parece a Conrad hasta en sus dilemas. Pero su verdadera carrera, donde era un triunfador, era la literatura. A la que no ha tardado en volver con esta La fiesta del Chivo, que había tratado de escribir durante años, mientras en la vida es un verdadero, como Conrad, pater familias. Mario Vargas Llosa es un gran escritor. Pero, estoy seguro, prefiere ser un buen padre. Es posible que me equivoque, pero creo haber demostrado que lo conozco bastante. Nuestros encuentros nunca han producido un encontronazo.

Tomado de El País, diciembre 2002

Canción

giuliana

Para Giuliana Fabro

Que por tus sueños un dobadillo de oro

bastaría en la rueca de tu seda

de los surcidos breves

en ti y tu saya

la máscara y los ojos por el calvario el hilo

la céntima promesa del adelanto en el surcido

es donde quiero cantarte una canción y grito

Y al igual que el hacedor de espumas  sale espuma

Saliva  seca puesta en el dedal de tus dedales

Es que quiero cantarte una canción

Es que nadie me entiende que quiero esta puñetera vez llegar hasta las simientes de tu especie y horadar en la madera de los  ebanisteros

el corondel dorado de las hojas de acanto aunadas con enjambre y cayena

Es que alguna vez

mi exquisita llenura en el tinglado de las aves del mar

me dejarán cantarte esta canción

 

Que yo quiero cantarte esta canción toda  murano

Cristal

Toda llena de huesos del testuz alcatraz de las cuatro parcelas

Que no irían al sur

Que el norte es cuño

Que el oeste ciruelas

Y el este no es sol

Es este grito

Del  hombre que en la proa

lleva el ancla en pendura

y la quiere lanzar

En bombarda y bombardino

En no sordina

En calderón de los griteríos

Del vacío que llena el eco de alguien

quien me arrebata hoy

Giuliana el deseo de cantarte una canción.

 

Acaso así lo sea

En las guaruras de los carpinteros en nombre propio al son de las bondades maldades y oquedades

los tropeles de los asesinos lleguen torpes maneras

de  las cimitarras a colocar el orden de la herida

sobre  las osadías de volverte a cantar por si los días

tienen de los rencores del ayer

 

Gritaré

a fuerza de silencios

si tal modo

compadece las furias del vivir

Así

En esas alboradas repetidas escucha esta canción

No es un arruyo es un grito por ir

Por repetir

Santo santos santos

Motetes y estribillos

Mezcla de los buitres para buitres

Mezclas de los malucos y los buenos

De los asesinados por la historia

Y el agua en paz

Giuliana

Esa es la gloria

La majestad de una mujer terrena que llega y  se detiene ante el altar

Del lado de ese rayo de su luz

Canta y tardemos

En cuarzo y maravilla

responderemos por el afán de amarte y de cantarte

Dentro del ti te grito

 

Escucha la canción.

 

 

 

Hugo Figueroa Brett

Para mi hermosa amiga Giuliana Fabro en mi más grande fe

EI Arte es ir

La primera opción y la última palabra

Conversatorio de el Crítico de Arte Juan Calzadilla y Hugo Figueroa con motivo de la Exposición de Dibujos “El Arte es Ir”, Museo de Arte Contemporaneo del Zulia. 20 de junio de 2015.

1

Hugo Figueroa Brett y Juan Calzadilla

 

calzadillaNo siempre es conveniente dejarle al crítico que sea él que se ocupe de calificar la obra de arte; que sea él el que tenga la última palabra y la primera opción. No esperar a que el critico diga que la obra de arte ha llegado a  lo que él dice sobre ella. Que no nos obligue a aceptar que son sólo sus argumentos los que valen la pena. Si se contara con la mirada del artista y sus razones personajes para haber realizado su obra se haría gran contribución y se ayudaría a vencer el prejuicio que sigue considerando el arte como asunto sacralizado.

Encontraríamos así una vía más franca para entender por que el artista es el único responsable de sus actos, no la crítica ni el mercado. Para entender por qué la obra se pone más de parte del que la hace que del que la juzga, aprueba o condena.

En el caso de efectuar un juicio sobre el dibujo, género que adolece de fronteras, la cosa se complica, dado que el dibujante es por lo general un sujeto que está de paso hacia la pintura, la escultura o el diseño, bajo la creencia de que el dibujo es una herramienta, un esqueleto o una escalera que conduce a disciplinas superiores, que están en un piso alto, más allá de lo que el creador se proponga como tanteo o demostración de habilidades manuales.

adaluzY es por eso que hemos solicitado a Hugo Figueroa, cuya obra representada por 60 dibujos, es ahora objeto de una exposición y de un rastreo crítico, las respuestas a las preguntas que en este conversatorio le hacemos, no tanto para indagar en su condición de artista plástico, como para entender las conexiones y el compromiso que, hasta hace poco, él mismo mantuvo protagónicamente con la crítica, la crónica y la producción de arte, espeacialmente en el período del boom del dibujo zuliano y venezolano, por los terribles años setenta. De allí la importancia de un diálogo deslustrado de pruritos con alguien que, en rol de artista, está íntimamente conectado con unos hechos y con una historia de la cual una vuelta de tuerca como la que aquí ensayamos nos haría más fácil entender los acontecimientos.

 

mujer acostadaHaciendo gala del desenfado que lo caracterizó en sus tiempos de amanuense de un periodismo explosivo, Hugo se presta a explicar humildemente, en la entrevista, sus vínculos con los artistas que le precedieron y de los cuales, sin esperar a que lo enseñaran tomó algo y principalmente la vocación, el respeto y el amor al arte: Bellorín, Francisco Hung, el polaco Detynieki y, sobre todo, el Figueroa padre, el armador de barcos virtuales en la rada portuaria. Vocación que no invalida el derecho a ejercerla con todo riesgo y en uso de razón, como diría Caupolicán.

El arte es un ir, nos dice Hugo más adelante. Es decir, una materia espesa y volátil que no espera turno y que se derrama como devenir hacia delante, en forma de plasma y girando sobre si misma sin destino alguno.

hugoposterizadoHugo reflexiona para hablamos de la intrincada naturaleza del sentimiento que lo embarga al agarrar los bártulos cada mañana y ponerse a pintar, así como de la impotencia para captar los rasgos íntimos de la verdad y su disposición a vencerla. Nos habla de la importancia del gesto y del empleo que le da a la gesticulación, como método de trabajo, en la privacidad del taller. Confiesa también que las condiciones no están dadas mientras se siente solo frente al papel o la tela: necesita siempre ver frente a sus ojos, el modelo vivo, sea mujer o animal, pariente o amigo, cuyas poses no dan para que se le considere retratista puesto que no persigue este fin sino devolverle al gesto su capacidad de engendrar formas, mediante la rápida intuición motriz que acompaña a la acción de pintar.  Se entiende así, en su propia obra, la diferencia entre sinceridad y simulación, entre pose y el malentendido de la impostación, en la busca de esa originalidad que proporciona el hecho de colocarse cada mañana frente al soporte, el papel y la tela, y proceder a emborronar, con fueses trazos, lo que no se hace visible más que en el fondo de los abismos, como decía Baudelaire.

Cuando se le pregunta a Figueroa sobre si los rasgos del modelo captados en la obra durante la pose responden al propósito de efectuar un retrato o de proclamar la autonomía expresiva del resultado, sostiene sin vacilación:

Mis modelos no son modelos, son gentes. Nuestra suerte es que primero los conozco, los trato les hablo y les explico lo que para mi es un dibujo. En veces les hago un retrato pero la más de las veces ellos disfrutan del resultado caótico de los rostros o formas finales que devienen de sus poses. Siempre son cómplices del resultado. Y sonríen, al igual que yo, y la obra nos place por su festividad y libertad.

Excelente conclusión para demostrar que si por alguna razón el juicio del artista plástico se justifica es porque se propone rescatar del crítico la misión que éste le robó. J.C.

 

El Arte es ir

Juan-CalzadillaJ.C. Tomando en cuenta la temática, los materiales y la técnica empleados en la obra que expone Hugo Figueroa en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia (MACZUL), usted pareciera surgir o ir al encuentro de una corriente dibujística poderosa que apareció en Maracaibo en los años setenta, al color de lo que más tarde se conoció como el boom del dibujo venezolano. Una corriente de la cual Hugo Figueroa, me parece a mí fue -junto a Sergio Antillano- el artífice de la crítica que acompañó y promovió, como cronista o comentarista, a ese grupo de artistas donde se encontraban Carmelo Niño, Angel Peña Edgar Queipo, Ender Cepeda, Felisberto Cuevas, Pablo Durán, Francisco Bellorín, Oswaldo Parra y otros dibujantes valiosos

Seguramente, ya Hugo Figueroa dibujaba por entonces. Y hacía lo propio en materia de una búsqueda que suponemos mantenía en secreto, sin darla a conocer, para que nadie la viera, pues sólo viene a exponer su obra por primera vez m el 2015. Cabe preguntarse si usted se considera representante de esa corriente maracucha que se inició con el dibujo satirico, surrealista y escandaloso, si le debe o apoya algo a ella, a su tradición.
Para mas de uno, y para mi también, es una sorpresa descubrir a Hugo Figueroa como  artista plástico después  de 40 años de haber pasado agachado  en el arte zuliano. ¿O prefiere que se le cataloguen como un arista independiente, sencillamente posmoderno, rebelde a toda clasilicación?

INSERO CATALOGO HUGO4

H.F. Usted, Juan, es un testigo constante  del Maracaibo  y  de  lo que muchos  llamaron  la  Escuela de Maracaibo, donde estaban todos aquellos   jóvenes   que   hicieron un  hermoso  acto  de  presencia, iniciándose como dibujantes  en diferentes estilos, pero que se rozaban entre sí debido a lo pequeño del ámbito  donde  trabajaban y  a  los orígenes zulíanos de donde venían.
Algunos de ellos se hicieron grandes artistas,  con pocas anuencias,  ya que el material visual que les llegaba a sus manos era precario: se fueron haciendo a fuerza de lo que hoy son.
Avido del arte, yo -Hugo Figueroa- colaboré  de   diversas   formas a estimular a ese grupo. Los obsevaba a la par que a Francisco Hung, de quien estuve tan cerca como lo estuve de Francisco Bellorín. Luego vino un extraordinario grabador polaco, Miet Detinieki, quien abonó técnica y conocimientos. Mi obsevación no chocaba con la búsqueda de donde venía ese quehacer del hombre artista. Y esa preocupación me llevó a conocer las técnicas de los jóvenes como Hung y Bellorín; y las del grabador Detiniek. Nunca me he considerado apegado a esa corriente y de sus hacedores de arte, ni continuador de los nombres que usted menciona. Y si se me considerara, como usted lo hace, dentro de esa tradición, no lo soy a conciencia.

J.C. Yo entiendo que Hugo Figueroa ha tomado en cuenta el riesgo que corre al presentarse como artista plástico en singular. Esta obra suya, que entiendo es fruto de una gran pasión por el arte, está centrada ahora no en vigilar lo que hicieron otros si no en desarrollar su propio e inédito talento plástico. Sus dibujos representan puras resueltas en su mayoría en buen formato, mediante una técnica que no dudo en calificar como gestual. Esto me ha hecho pensar que detrás del dibujo de Figueroa puede estar la anuencia del insigne Francisco Hung. ¿Acaso él lo orientó? ¿Fue su maestro ¿Se inspiró en el ímpetu motriz con el que Hung desbordaba el soporte? En lo personal, de lo que si estoy convencido es de que Hugo Figueroa es un continuador de la obra figurativa de Paco Hung, de quien -además- fue gran amigo y promotor. Esto lo digo en el mejor sentido de la palabra, positivamente, pues hacia falta e1 artista que rescatara en su factura, en su técnica. esa verniente de Hung que merecía ser tomada en cuenta con la diligencia con que lo hizo Domingo Alvarez en la memorable exposición de la obra figurativa del maestro zuliano en la sala Diaz Mancini. en Caracas.

INSERO CATALOGO HUGO5H.F. Yo trabajé al lado de Francisco Hung durante 45 años, era su asistente, su productor, su ayudante general, su divulgador y su expositor. Conozco un alto porcentaje de las obras de Hung y cada variante de su trabajo. Estuve presente cuando inició su obra dibujística, la cual, en materia figurativa, nunca fue enteramente gestual. Hung fue figurativo cuando lo que expresaba era su mundo personal. Mas existe una cantidad de dibujos gestuales que no son figurativos. Por lo general, son en negro sobre blanco. A la exposición que preparó Domingo Alvarez para la Diaz-Mancini no le prestó atención la critica tanto como a su obra informalista y gestual que le dio fama internacional. Su obra figurativa era un trabajo cotidiano. Dibujaba todos los dias, pero no eran de trazos fueres sino paulatinos, lentos, pausados, con historias de trasfondo que contar, dibujos con anécdotas, maravillo.

J.C. Sin duda que la vida hogareña del pintor encerrado en su castillo-taller para dedicase a pintar juega papel imponente en la obra de Hung. Esa elección del artista solitario recuerda los pasos dados por Armando Reverón en su castillete de Macuto. El universo que reflejan ambos pintores, cuando se expresan figurativamente, es el de la intimidad. Lo que más perciben de su dime vivir en sus cuadros es la intensidad con la que aman lo que los rodea. En el caso de Hung, no sólo son los espacios habitados, la atmósfera, la luz y los objetos, sino también los seres familiares en distintas poses, los animales, el gusto de la música, la ternura que reclama los colores para asentarse en los rostros: todo ello fruto de un profundo sentido de observación. Hung, en cambio, es el nabis de la pintura venezolana, junto a Marcos Castillo y Federo Brandt El intimista por naturaleza, pero sólo cuando acomete el orbe humano para componer con sus personajes, llevado por su diestro sentimiento de la forma, una naturaleza viva.  ¿Hugo Figueroa, en sus sesenta dibujos, se aproxima a ese imaginario para construir una alternativa informal del universo tranquilo y pensativo del realismo de Hung? ¿Una visión, empero, más violenta e intempestiva, que hace de la vida interior de los seres queridos que capta el ojo, un drama expresionista?

H.F.  La  intimidad  hogareña en la pintura de Hung va por una vía curativa. No es simple, fue un trabajo cotidiano de las seis a medía mañana, un trabajo constante, entre caligrafía y dibujos de diferentes formas cotidianas. Ningún artista que practique el ocio sólido puede hacerlo de memoria. Todo artista que se precie de arte debe poseer un modelo. Zapato, perro, mujer, hijo, hija, mecedora,  tarro, flores.  allí el Maestro tenia sus objetos a mano, salvo en los casos en que contrataba modelos externos, a sabiendas. Yo no puedo pintar sin modelo, todas estas obras que expongo fuaon realizadas mediante el uso de modelos vivos. Los necesito para calcular la forma y el semblante de la figura, al punto de que pueda realiza variantes de la pose, a satisfacción. De lo contrario, el pintor copiaría una forma de su cerebro que, generalmmte, es repetitiva. Los ejemplos son múltiples. En el caso Hung, su mejor modelo fue la esposa del albañil que trabajaba en la construcción.

INSERO CATALOGO HUGO6

J.C. Entiendo también que Figueroa padre, Natividad, el marino convertido en autor de la más fulgurante crónica visual que se haya hecho de la ciudad de Maracaibo y de su puerto, incluyendo a la rada ponuaria y sus múltiples embarcaciones flexibles, jugó importante papel en su vida. Cuestión aparte del parentesco y de que usted haya sido crítico y promotor por antonomasia de los trabajos de su padre Natividad Figueroa, ¿qué marcas, unos y heridas pudieron quedar grabados en la travesía atormentada que su hijo emprendió por el mundo de la pintura, inspirado en su padre

H.F. Mi padre como pintor es producto del desempleo ÉL en su ocio, pintaba variedad de aspectos citadinos. Le propuse entonces que iniciara unas obras sobre Maracaibo y mi sorpresa fue mayúscula: al regresar de un viaje, Natividad había aprendido la perspectiva de caballería, la había hecho suya y comenzó una pintura que fue haciendo propia y creando un estilo definido que, luego, providencialmente amplio haciendo el paisaje una mezcla de osadías. Allí llega usted, Juan, y habla con Figueroa y él se sorprende de que un crítico tome en cuenta su maravilla. Es un artista que hace la version de un espectáculo y como él lo dijo: para agradecer con ella Maracaibo. Pero esa vivencia se le fue de las manos y llegó al Arte.

INSERO CATALOGO HUGO7J.C. Las cosas no resultaron fáciles para aquella generación donde usted milítaba, no se si me entiende. A partir de eso, me gustaría preguntarle sobre su relación con Sergio Antíllano. Sin desestimar el papel de César Chirinos, Oscar González Bogen, Víctor Fuenmayor, Sergio fue como el padre de aquellos expedicionarios entre los cuales él mismo se contaba. Era él quien los alegraba y regañaba cuando había motivos, el que los propulsaba y escribir sus presentaciones en los catálogos. Sin duda, fue un paladin de la crítica feroz y, al morir, dejó un gran hueco, que no ha sido llenado. Pero usted, Figueroa, es también responsable en primer grado de lo que pasó. Fue un mentor de aquella generación de astrográficos que le está en deuda. Usted los capitaneo tras bastidores, los empujó para que superaran las barreras del estrecho marco donde actuaban y ayudo a que salieran a navegar en aguas más universales.

H.F. Sergio fue un apoyo para todos los jóvenes pintores, su personalidad india de una manera atractiva al linaje de la obra Fue un apoyo útil, y podría decir que ese tipo de apoyo ha desaparecido. Lo que falta son maestros, nuevos profesores y esa fuerza que da el viajar, mirar y otear los museos y el estudio de la academia. Para mí, siempre fue importante el conocimiento de lo que se está haciendo en el mundo para imitarlo o, al menos, para que esa comparación tenga una respuesta. Pero si nos quedamos en que los surrealistas o determinada rama es lo mejor, es demasiado peso. La nostalgia sin conocimiento es una falta de libertad, un camino corto, un regresar y el Arte es un ir. Estudio y más estudio es nuestra necesidad.

Es sorprendente, y me alegro en ello, conoce artistas que no han ido a las actuales escuelas de arte y desde su yo- se elevan para conoce y hacer arte, sin que eso tenga un nombre determinado. Pero ¿asombrarme de qué? Siempre, en lo referente a la creación; el hombre común supera las torpes maneras de las aulas. Siempre las aulas vacías de enseñantes.

 J.C. Yo no dudo que las artes zulianas, en materia critica y de investigación por las palabras, según intuyo, han retrocedido y están en mengua desde la muerte de Sergio Antillano. No sé si Hugo comparte esa opinión o si estoy equivocado. Ciertamente, reconozco que la pintura zuliana ha avanzado mucho, sobre todo en materia de realización y mercadeo. Nuevos actores, galerias ocupadas de lanzar a los artistas, coleccionismo vivo. No así, pienso yo, en lo que me parece muy importante, el juicio valorativo, el estudio, el apoyo al compromiso y al riesgo de la experimentación la puesta en su sitio de la producción de acuerdo a criterios estéticos, históricos, con peso en la tradición. ¿No cree usted que es una falla seria como ese golpe de ataúd del que hablaba Antonio Machado? ¿Por qué no se crea o se propone a las autoridades académicas la creación de un laboratorio o centro de estudio y acopio hemerográfico que le proporcione -a través de La investigación- destino a las artes plásticas pasadas y presentes y el lugar que les corresponde en la historia, y no que se deje todo al azar y la improvisación?

INSERO CATALOGO HUGO9H.F. He pensado mucho en hacer esta muestra para la cm tan gentilmente Lourdes Peñaranda y el Maczul me apoyan. A diferencia, no soy exteroceptivo en ello, lo soy mientras las hago. Hago que el observador entienda que la variante de técnicas y modelos es válida en poner en escena lo que va a ser una obra.
Deseo que el joven alista comprenda la libertad y haga con diferentes supones y contra apoyos, lo que desea hacer. Me es incomprensible que un supuesto artista pase su vida haciendo un objeto debido. ¡Claro que lo puede hacer: es un artesano! El artista debe ir hacia la diversidad de los elementos que usa, así como es el entorno, diverso y libre.

J.C. El color o entonación de la obra no interviene en la construcción de sus retratos. Se trata de obras planas, donde no se ama mucho el volumen, lo que ¡os pintores antiguos llamaban valores. La entonación suele estar dada por una capa de color fino que se extiende regularmente por toda la obra; o, sencillamente, se limita a una mancha, como si ese color hubiese estado allí desde antes de empezar a pintar el cuadro y se limitara usted a traza las líneas concentradas y tensas del dibujo sobre palabras o ases  que  identifican  al modelo, un perro o una persona. ¿Hasta que punto en la relación del retrato con su representación le interesa a usted identificar al modelo, que se sepa cuál es la fuente de su obra y en la que se inspira?

Alguna vuelta de tuerca se toma presente  para recalcar el rol del color cuando   éste   sirve   para   plasmar   el sentimiento que, en el momento de ser retratado, embarga al personaje. Pues de eso trata en el expresionismo: no mostrar la realidad de la cosa en sí, tal como es y la vemos en la realidad y como lo requiere el hábito de percibir, sino en lo que más allá de Ia apariencia- se presenta como una realidad, no como una representación. El hallazgo de plasticidad en Figueroa es tan obsesivo como lo fue en Hung.

INSERO CATALOGO HUGO11H.F. Voy a lo figurativo y lo trato con Líneas o trazos fueses que -en veces- atinan a un casualismo dado porla textura de la tinta y el gesto; pero es un casualísmo dirigido.   Utílizo   modelos   (siempre damas) que pueden estar vestidas o no, jamás en una pose de academia. Utilizo mucho la pose natural y me apego a la forma y a la expresión del modelo. Nome es interesante el parecido, pues no estoy haciendo retratos, hago dibujos, el propósito es el trazo. Cuando utilizo el color como fondo o un agregado, lo hago como si se tratara de un trazo más.

J.C.  ¿Cuándo  Hugo  Figueroa advierte que La obra está completa, que no requiere más color ni unos y todo lo que podria añadirsele sobra y es simple manipulación del encuadre o  de los elementos? ¿Esto se relaciona con el hecho de que en los cuadros suyos no se notan borrones, enmiendas o pentimentos?

H.F. Siempre pensé en una escuela del dibujo venezolano, sin borrador. El dibujo se hace de una sola vez. Hay dibujos que elaboro sin levantar el estilo, la pluma el pincel o la brocha elaborada con una tela y un palo. En veces es un plástico envuelto en la mano y trazo una sombra gruesa con detalles de salpicaduras. En otras ocasiones, y esto para mi es error, corrijo algún detalle, o limpio el fondo, pero la intención es ser ágil en el trazo. Para mi, el dibujo es rayar, trazan jocosamente insisto en el alumno, rayita, rayita, rayita.

J.C. Qué le respondería usted a la persona que lo interpelara diciéndole que a usted le importa más la pintura que la vida y la historia del modelo?

Usted en materia de retratos, sin saberlo, se contradice. Efectúa una especie de clase-up: de cada modelo, como si se tratara de un retrato fotográfico, y a eso se reduce el cuadro, siguiendo en esto a las mujeres de Modigliani y obviando el resto del cuerpo de la mujer, de los senos para abajo. ¿Es acaso que con el rostro está dicho todo? ¿Que no falta más nada para la compresión del vínculo sentimental que nos une con las personas? Su predilección por modelos tomados del entorno, como son su hijo, el perro fiel, los familiares, amigos o vecinos, ¿responden a esa afirmación suya según la cual puede pintar sólo cuando tiene el modelo ante sus ojos

INSERO CATALOGO HUGO14¿Le impone a usted que la persona a la cual usted acaba de hacer un retrato lo contradiga, llegue a reclamarle que no le ve el parecido con ella en el resultado? ¿O que este le resulte extraño? Como sucedió cuando la esposa de Cézane, al ver el retrato que le acababa de hacer su genial marido, lo enfrentara diciéndole: Esa que está en el cuadro no soy yo. Y Cézanne: ¿Qué importa? La pintura no es
representación, sino realización.

H.F. Mis modelos no son mis modelos, son gente. Nuestra suerte es que primero los conozco, los trato, les hablo y les explico lo que para mi es un dibujo. En veces, les hago un retrato; pero la más de las veces ellos disfrutan del resultado caótico de los rostros o formas finales que devienen de sus poses. Siempre son cómplices del resultado. Y sonríen, al igual que yo, y la obra nos place por su festividad y libertad.

J.C. También  es importate que Hugo Figueroa comunique al público sus impresiones sobre el acaecer y el lugar que, a partir de hoy, su obra puede llegar a ocupar en el movedizo y fraccionado panorama del arte zuliano o venezolano, ahora no como comentarista de la obra de su generacióm sino como actor rezagado de una época que tuvo su edad de oro hace cuarenta años. ¿Será posible resucitarla?

H.F. Si algo he querido con esta muestra de nuestros dibujos es llamar la atención a los dibujantes hacia la libertad de hacer trabajos que abarquen una mayor cantidad de técnicas, donde sean capaces de utilizar no tan solo el lápiz -casi descartado- o el carboncillo, sino que cualquier elemento a mano propicio para rayar esté dispuesto en sus manos para ejecutar un trazo.
El elemento valioso en la oportunidad del Arte es el ser humano y siento que existe ese hombre capaz de convertir una raya en una ejecución, semejante o no, a lo que ve, y hacer que el lector -tal a la par del creador- multiplique esas formas y se apetezca más hacia lo imposible dadas las capacidades donantes del amador. Insisto en que he elaborado a sentimiento íntimo estos dibujos, a escondidas de lo que circula, tratando de ir más allá de lo que hasta ahora se demuestra y casi se nos hace imposible por esa casulla donde el ambiente nos somete, ir más allá de la costumbre y la nostalgia sería un motivo para este parecer que presentamos.

Juan Calzadilla

 

IMG_2505No me anima otra valia que la de trabajar en algo que siempre me ha sido contiguo y desconocido, la única forma de adentrarme más en el hecho pictórico es haciéndolo y eso me he propuesto.

Mi respeto al profesionalismo de los artistas había sometido esto al silencio. Sin embargo, lo hacía en mi familia, en lo cotidiano. Ahora se fueron desarrollando los hechos y trato en ellos una demostración de un sentido de liberad desde lo más imponente en e1 Arte para mí, el dibujo.

Usted, Juan, que está allí sometido al peso del conocimiento filosófico de la pintura y el dibujo, transmite una fábula de Artaud -el más sensible de ellos, los posesos- donde la faz del hombre es trastocada por la bendición del actante y rehace el rostro sin descartar lo oculto.

Artaud jamás se equivocó, ningún hombre se equivoca, vive equivocado y es igual a lo cierto cuando habla de rehacer las caras para no parecernos o para serlo.

Le agradezco Juan, su tiempo y camino.

Hugo Figueroa Brett

San Jacinto Maracaibo, 1 de abril de 2015

 

Muerto el rey

  

Colocaron el vino

y en la mesa debajo del mantel una madera de Escuque

la trajeron las leñeras

dijeron que eran hombres del pie de monte barinés

eran dos hombres y tres hembras hechas

de moño terciado y camisón de flores

las manos eran bravas para los guaduas

que levantaron y amarraron al toro

y lo terciaron

al cuarto

eran seis hembras y dos machos

tres terneros de a pie

y ni un solo caballo

Una de ellas traia un refajo amplio

donde venían en cuartos las hogazas y dos  cuajarones envueltos en vijao

y eran doce hombres los de los azafates donde traian la carne de cordero que no se puede inhibir

puesto que escrito estará en la tabla que de la tierra l

a calentadora en terrones de pilón

y panela de la blanca

y achiote y sal de grano

la que viene en goleta desde la mar

y pasa por la barra

y llega a puerto del sur ya sin sabor a golfo

pues es de universo saber que los vientos de frente

fraccionan las estallas de los truenos

y convierten en hielo en el centro del lago

los cuajarones rojos

que así es la sal

a luz del relámpago y oscuro

crecen los fumarolas de unas pedacitos de bacterias

que achicharan con fuegos pequeñitos al amanecer.

Por eso el mante en la tabla y la jícara en el medio

con totuma y querebe

y unos panes bizcochos y manteca de ganso fuereño

el que viene desde la Alaska

y llega muerto de llenasón y se cae en la playa

y al mezclarla con el curubo

deja ese olor a ceniza y es carburo

en la sombra de la cera que bota el dividivi

pues no hay incienso, mirra y colorada que es

se deja la sangre de la tortuga hembra que se queme a sol lento entonces se hace la cruz hacia fuera y se espera

a que lleguen las hembras de las papas y haga el taturo de sopa con maguey y cemeruco rancio

Así de bueno muere el hombre

y malos sean los que lo ampararon ante la tabla del sepulturero

 

Después llegó el hombre de a pie

Con un saco de fique

Y lo guardó

 

 

Para Mireya

— 

Hugo Figueroa Brett

Av 6 Nº 19 Sector 18 San Jacinto Maracaibo Zulia Venezuela

Cel. 04143619746

La Monte Cuesta

lamontecuesta

La verdadera historia por la que Valle-Inclán quedó manco en un café de la Puerta del Sol

 

La pérdida de su brazo izquierdo ha dado pie a diferentes hipótesis y leyendas que él mismo se encargó de alimentar, pero que tienen su origen real en una pelea surgida tras una tertulia

La verdadera historia por la que Valle-Inclán quedó manco en un café de la Puerta del Sol

Ramón del Valle-Inclán, dramaturgo, poeta y novelista español.

La apostura de Ramón del Valle-Inclán (1866-1936), «rostro español y quevedesco, de negra guedeja y luenga barba» -como él mismo se definió en la revista Alma Española en 1903-, dibujaba al personaje altivo, bohemio e irónico que el propio escritor gallego se encargó de construir desde las anécdotas, reales y atribuidas, inherentes a su vida y obra.

En la pérdida de su brazo izquierdo convergen buena parte de esas historias que, aunque Valle-Inclán, fiel a su reputación, se afanó por adornar y ubicar en lugares y situaciones inverosímiles, tienen su único origen en el desaparecido Café de la Montaña, antes denominado Café Imperial, que aglutinó a diferentes pensadores de la época. Situado en la parte correspondiente de la calle Alcalá en la Puerta del Sol, en dicho lugar reza hoy una placa con la inscripción: «Aquí estuvo el Café de la Montaña, lugar de tertulia del escritor Ramón del Valle-Inclán», tal y como recogen Marco y Peter Besas en su libro «Madrid Oculto» (Ediciones La Librería. 2007).

La leyenda del estofado

Es el caso de la fantástica historia que el escritor, en una de sus visitas al café madrileño, brindó a los presentes tras la insistencia de la audiencia por conocer cómo y cuándo quedó manco de su extremidad superior izquierda. Valle-Inclán, que adoptaba entonces un semblante serio y adusto, melancólico, narró cómo en su estancia en un palacio de Galicia su sirviente le comunicó muy preocupado que se habían agotado todos los ingredientes disponibles para cocinar un estofado. Después de estudiar una situación tan delicada, le pidió que trajera un cuchillo carnicero de la cocina. Así, remangó su camisa, estiró el brazo y exclamó: «¡Corta un buen trozo de esto!». «En esta casa nunca va a faltar la comida», apuntilló.

Las distintas reacciones se repartieron entre quienes, boquiabiertos, llegaron a creerse tal fanfarronada y los que, conscientes de la imaginación del escritor, intercambiaron carcajadas como en la ocasión que dijo que le mordió un león o en la que fantaseó con una pelea contra el bandido mexicano Quirico.

Pelea con Manuel Bueno

En cualquier caso, los habituales del Café de la Montaña sabían de buena fe cómo Ramón del Valle-Inclán perdió su brazo en julio de 1899. Siempre poseedor de la última palabra, labró su fama en acalorados debates ante sus homólogos de entonces, asiduo incluso a recurrir al duelo en ciertos casos. Cuando, en un conflicto que no iba con él, discutía en torno al valor de españoles y portugueses en una disputa, la intervención del también escritor Manuel Bueno hizo que se precipitara una lucha entre ambos.

«¿Qué quieres decir con eso majadero?», le espetó Valle-Inclán cuando su participación en el debate no fue de su agrado. Bueno, igualmente, poco dado al diálogo en estos casos, alzó su bastón para golpear a su adversario, que trató de protegerse con el antebrazo izquierdo. Con el impacto, el gemelo de su camisa se clavó en su piel, ocasionando una profunda herida que acabó infectada y con el brazo engangrenado; causa del posterior amputamiento, tal y como se creyó en un principio.

Sin embargo, años después se supo que tal operación no se debió al incrustamiento del gemelo, sino por una rotura ósea que no podía tratarse en la época. El doctor en medicina y cirugía Manuel Barragán y Bonet certificó que el brazo de Ramón del Valle-Inclán fue amputado por «una fractura con herida en los huesos del tercio inferior de la extremidad». La versión extendida hasta entonces, como las leyendas que el escritor alimentó, quedó desmentida y sepultada.

La ausencia del brazo, que lo comparó con Miguel de Cervantes por razones obvias, no hizo sino reforzar la imagen pretendida y el ánimo irónico y burlón del autor gallego. Según recogen los escritos, el único lamento que destacó Valle-Inclán por su pérdida fue que a la muerte de su hija no pudo abrazarla como hubiera deseado. Ni siquiera en su vuelta al madrileño Café de la Montaña guardo un ápice de rencor a Manuel Bueno: «Tranquilo, el brazo de escribir es el derecho».

Etiquetado , ,

La biografía definitiva de Virginia Woolf

La autora argentina Irene Chikiar Bauer se acerca a su vida en una monumental y exhaustiva obra de más de 900 páginas

La biografía definitiva de Virginia Woolf

ABC
Virginia Woolf, fotografiada por su marido Leonard en Monk’s House en 1932

Decía el escritor británico Nigel Nicolson que Virginia Woolf era una «mejoradora de vidas», hasta el punto de que pasar con ella un rato era «como tomar champán». Esa misma sensación la hemos experimentado, alguna vez, todos aquellos que nos hemos acercado a su vida y obra, excepcionales en tiempo y forma. También la argentina Irene Chikiar Bauer, quien, atraída por sus lecturas de juventud, se propuso escribir la biografía definitiva de la autora de «Orlando».

La biografía definitiva de Virginia Woolf

Y lo consiguió: «Virginia Woolf. La vida por escrito» (Taurus) es una monumental obra (más de 900 páginas) que describe, al detalle, el devenir de la que fuera una de las escritoras más importantes del siglo XX. El libro, estructurado en dos partes (la primera abarca su infancia y adolescencia, y la segunda su madurez, año por año, desde 1904 hasta su suicidio, en 1941) incluye, además, un curioso índice onomástico y un enriquecedor álbum de fotografías.

Y todo porque, tras acercarse a la biografía de Quentin Bell (la última edición fue publicada en España por Lumen), Chikiar Bauer empieza a «sospechar» de esa «versión autorizada». «Me parece valiosa, por ser un testimonio de primera mano, pero es tendenciosa en un punto. Comienzo a leer sus escritos autobiográficos, y después sus cartas y diarios personales. Ahí surge la idea de escribir la biografía que a mí me hubiera gustado leer», explica la autora argentina a su paso por Madrid.

Una obra «polifónica», que tardó siete años en elaborar y donde la voz de la escritora británica se mezcla con las de quienes formaron parte de su vida, para bien y para mal: sus padres, Leslie y Julia; su hermana, Vanessa; su marido, Leonard; su amiga, Violet Dickinson; su amante, Vita Sackville-West; sus colegas del Círculo de Bloomsbury… «Es inacabable, porque Virginia Woolf es de esas personas que hay tan especiales en la literatura que son geniales. La vuelves a leer y te vuelves a maravillar», asegura Chikiar Bauer.

De la relación con su madre, fallecida cuando Virginia cuenta sólo con trece años, la argentina destaca ese «arquetipo de lo materno, que puede ser dador, fecundo y creativo, pero también terrible». De hecho, la autora de «Las olas» habla de cómo tuvo que matar a ese «ángel de la casa» porque «se interponía entre la hoja de papel y yo». De su padre admira lo intelectual, «pero se queja del ‘‘efecto Cambridge’’, de ese escritor que se sube arriba de una torre y va a dar la palabra exacta». De ahí surge, de hecho, «La torre inclinada», uno de los mejores ensayos de Virginia Woolf, en el que habla de cómo la escritura saldrá ganando cuando estemos ante escritores sin torres y sin clases. Un pensamiento que, en parte, compartía con su marido, Leonard Woolf, hasta establecerse entre ambos «una comunidad de intelectos», en palabras de Irene Chikiar Bauer.

Su vida con Leonard

«No podemos decir que Leonard era un tirano doméstico, tampoco se puede decir que sin él no hubiera existido Virginia Woolf. Está la complejidad de cada etapa y cada situación que tuvo ese matrimonio». No obstante, sin mencionar la declaración de amor que encierra su nota de suicidio («No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo»), Virginia siempre dijo que eran «el matrimonio más feliz de Inglaterra».

¿Y qué hay de su sexualidad? La autora de la biografía sostiene que «no tenía una inclinación hacia la sexualidad fuerte, sino otro tipo de vivencias que tenían más que ver con lo sensual». Chikiar Bauer reconoce, eso sí, que «siempre tuvo un gran gusto por estar con mujeres, las veía mucho más interesantes». Con unas (y con otros) experimentó «la felicidad de estar en la vida», pese a su enfermedad.

El martirio de esos «episodios» no le impide tomar «las experiencias de su enfermedad mental para transmutarla en palabras y convertirla en literatura. No en una cuestión de relato autobiográfico, que no tiene vuelo literario, sino directamente en herramienta creativa. Está todo el tiempo con esta porosidad, esta sensibilidad», matiza la biógrafa.

En este sentido, Irene Chikiar Bauer se atreve a decir que su suicidio se podría haber evitado. «Dependía mucho del cuidado de su sobrino y de la contención de su hermana, que estaba devastada tras la muerte de su hijo en la Guerra Civil. Leonard estaba ya totalmente metido en política, en el Partido Laborista. Si los demás hubieran estado más atentos, tal vez hubieran detectado que estaba entrando en una crisis muy grave», sentencia.

Etiquetado , , ,
A %d blogueros les gusta esto: